Fuente: www.iprofesional.com

La situación en torno al precio de los campos, como un reflejo de lo que viene ocurriendo en el mercado inmobiliario urbano, también enfrenta un contexto preocupante, que repercute directamente en la manera en que se comercializan los lotes.

Así, y según precisaron a iProfesional fuentes de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR), la tierra hoy se ofrece a valores que se sitúan entre los más bajos desde 2011.

 Las inmobiliarias especializadas en este segmento destacan que el declive en los precios va del 20% en las áreas más cotizadas -como la zona «núcleo», que comprende mayormente el norte de la provincia de Buenos Aires y sur de Santa Fehasta el 50% en puntos de menor rendimiento como Santiago del Estero, Salta o Chaco.

Tales descensos significarían una clara oportunidad para quienes ven en la compra de terrenos una inversión a largo plazo. Sin embargo, las fuentes del sector aseguran que el cepo cambiario y las limitaciones impuestas sobre el capital extranjero para adquirir tierras, marcan un claro desincentivo para las inversiones.

«Lamentablemente, el mercado viene acumulando complicaciones. La última es de tipo climático: las inundaciones que afectan a la pampa húmeda golpean al mejor mercado por excelencia. Sabemos que esto pasará y que los campos en algún momento volverán a generar alta rentabilidad», comentó a iProfesional Mariano Maurette, vicepresidente de la CAIR.

«Las restricciones cambiarias son las que más influyen en la baja de los precios. Hacer un boleto de compraventa o una escritura implica toda una ingeniería en términos de dinero que aleja a los compradores. El clima no está en su mejor momento para quienes tienen pensado apostar al campo», agregó.

Pedro Nordheimer, titular de la inmobiliaria homónima, coincidió con estas afirmaciones: «Es un hecho que las cotizaciones bajaron como hace mucho tiempo no se veía. Las ventas de tierras atraviesan un momento muy crítico por la incertidumbre política y económica. La gran diferencia con otros períodos complicados -como el del 2002- radica en que en la actualidad los dueños aún no tienen apuro por vender, por no estar endeudados», confió a iProfesional.

«Un campo en la zona de Pergamino, por citar un caso, hasta hace dos años no bajaba de los u$s20.000 por hectárea. Hoy se lo puede conseguir fácilmente a u$s15.000. El precio también bajó para los arrendamientos que, en el último año, dejaron fuertes pérdidas», añadió.

Menor rentabilidad
En ese sentido, un informe reciente de la Sociedad Rural Argentina expuso que los productores ahora necesitan rendimientos mucho más altos para afrontar la suba de costos de este último año.

En el ámbito de la soja -y tomando como referencia un rinde de 3,3 toneladas por hectárea– el ingreso que se puede obtener en esa superficie apenas alcanza los $5.500, mientras que el costo de generar ese cultivo -alquiler del campo incluido- se estima en 7.000 pesos.

Si lo que se busca es cultivar maíz, sembrar 8 hectáreas implica desembolsos por $8.500 para un ingreso que puede ser de unos $6.000.

«Esta baja notoria en la rentabilidad desalienta desde el arriendo hasta la compra por parte de potenciales clientes. La apuesta del sector es que todo esto se modifique cuando cambie el Gobierno. Es por ello que siguen habiendo consultas de particulares que piensan en una nueva gestión», aseguró Nordheimer.

Los precios del campo argentino
Según la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales, en el norte de la provincia de Buenos Aires y sur de Santa Fe las cifras que se manejan actualmente son del orden de los u$s15.000 dólares por hectárea, cuando antes del 2011 no bajaban de los u$s20.000.

En áreas de Salta, Chaco, Formosa o Santiago del Estero, según Maurette, el vicepresidente de la entidad, las cotizaciones cayeron a unos u$s4.000.

«En estas zonas se observa un descenso de hasta un 50%. En otros lugares, como Entre Ríos y Corrientes, también se ven contracciones del orden del 20%. Antes, las hectáreas que aseguraban un buen cultivo promediaban los u$s12.000. Ahora se las puede conseguir sin mayores inconvenientes a u$s9.000 o u$s10.000″, precisó.

En los puntos ganaderos de esos territorios, en torno por ejemplo a la ciudad de Federación, en Entre Ríos, los precios se ubican en los u$s5.000, mientas que tres años atrás no bajaban de los u$s7.000.

Para Maurette, las zonas más golpeadas se ubican «en la parte oeste, desde La Pampa hacia Mendoza, con campos en los que precio de la hectárea se negocia a cifras que no se registraban hace años». 

Los valores de la hectárea, volcados en un mapa, según la consultora especializada L. J. Ramos, presentan estos números (ver cuadro):

 

«Si se lo ve en perspectiva, lo que sucede con los precios puede ser visto como una buena oportunidad para entrar, porque la compra de tierras siempre ha servido para resguardar el capital», expresó el empresario.

Y agregó: «Las bajas tasas internacionales fuerzan a los inversores a buscar negocios alternativos. Esto permitiría que Argentina pueda canalizar esos fondos. El inconveniente está en las restricciones cambiarias«.

También en este segmento, la trabas para poder hacerse de dólares aparecen como un gran dolor de cabeza tanto para los argentinos como así también para los extranjeros, que además encuentran otro obstáculo: la nueva ley que impide que puedan adquirir más de 1.000 hectáreas.

«El hecho de que el dólar informal esté por los 15 pesos podría, a simple vista, ser un factor que aliente la compra por parte de quienes cuentan con ese capital. Pero lo cierto es que no cambia mucho la ecuación. Diversos factores se conjugan para oprimir la demanda, algo que es celebrado por quienes están esperando que las cotizaciones bajen aún más», sostuvo un experto del sector.

Arrendamientos, también hacia abajo
En tanto, trascendió que los valores de los arrendamientos están hasta un 20% por debajo de los precios del año pasado.

Casi se extinguieron aquellos tipos de contratos en los que el titular del campo queda al margen de cualquier riesgo en la producción.

La menor cotización de la soja en el mercado internacional, sumada al incremento en los precios de insumos -como agroquímicos y fertilizantes- se hace sentir de tal forma en la rentabilidad que ya es imposible sostener los valores de arrendamiento que regían en otros años.

«Ahora el dueño participa del riesgo, aporta insumos u otorga facilidades de cualquier tipo para que el arrendatario mantenga el campo ocupado. Hay fuerte temor a la vacancia», indicó otra fuente del sector.

«Todo se cierra a porcentaje de producción, frente a una demanda por locaciones de tierras que bajó considerablemente. Sabemos que hay campos que no están siendo trabajados. Antes se pagaba en dólares, que se entregaban por adelantado. Ahora, con tal de que se arrienden, los propietarios hasta aceptan planes de pago en tres cuotas», concluyó Nordheimer.